
Con un peso de 0,03 gramos, este pequeño y amarillento sello es conocido como el más valioso del mundo. Lo más curioso de él (aparte de sus pequeñas medidas) es como ha logrado sobrevivir al paso del tiempo: en 1885 fue rescatado de la basura por una jovencita de 14 años que decidió “revender” el sello de una carta que le había llegado a su abuela a un comerciante. El precio de venta por aquel entonces fue de siete coronas.
El sello, de tres chelines, se emitió por primera vez en Suecia en 1855 y fue utilizado en 1857 para enviar una carta. La verdad es que ese color amarillo que tanto llama la atención es un error, ya que el día de su realización el encargado de impresión se equivocó. En realidad debería haber sido verde. Esta particularidad le ha convertido en una auténtica pieza de coleccionista.
Muchos pueden presumir de tener sellos tan antiguos como nuestro protagonista de hoy pero ninguno puede decir que sean de color amarillo. El pequeño sello ha cambiado de manos muchas veces y cada vez ha ido superando con creces el último precio al que se ponía en venta. La última venta del mismo se realizó en 1996 cuando llegó a venderse por 2.875.000 millones de francos suizos. El comprador decidió permanecer en el anonimato.
En 2001 una casa de subastas danesa, Thomas Høiland, solicito al actual propietario que lo volviera a poner en venta, ya que durante la última subasta la disputa entre los que querían adquirirlo fue bastante llamativa. Por ahora, no se ha vuelto a vender.







































