Isla Mauricio, destino de ensueño
Si a uno no le ataran responsabilidades en su país, sin duda elegiría Isla Mauricio para asentarse de forma permanente. Este paraíso dispone de máximo encanto para embelesar a cualquiera. No sólo son sus playas de arena fina y los mejores hoteles jamás vistos, además la hospitalidad de sus gentes contagia una alegría constante.

Si viajas hasta allí, podrás comprobar en persona que Isla Mauricio posee una rica historia que contemplarás a través de la huella arquitectónica de su capital Port Louis que, encima sorprende por contar con una fauna y flora especial. El mestizaje cultural brilla por doquier… Estarás en un pedacito de la India en África donde se hablan 33 idiomas y conviven 90 religiones.

Los mercados callejeros, las mezquitas, los modernos edificios de oficinas y arquitectura colonial se entremezclan en Port Louis para que emprendas la aventura de rastrearlos a fondo.

Los sastres de Kart Kaiser te tomarán las medidas para confeccionarte un traje de lana de primera en tan sólo dos días. Si además compras accesorios de cashmere irás vestido con los tejidos de gran calidad propios del lugar.

Si lo tuyo es recorrer tiendas de marcas de lujo y distinguidos pubs ingleses, date un paseo por Caudan Watrefront. En el hipódromo The Champ de Mars respirarás un ambiente puramente colonial. Y para degustar platos exquisitos te recomendamos La Flore Mauricienne, un restaurante parisino que es el favorito entre la clase política local. Y no te vayas de Isla Mauricio sin probar el mejor salmonete del Índico en el restaurante del Labourdonnais Waterfront Hotel.

Una vez asentado en la costa de la isla, disfruta de sus playas paradisiacas. Por ejemplo, en Belle Mare, sobresale One and Only Le Saint Geran, cada detalle te hará sentir “como un auténtico marqués”.

Desde el puerto Le Morne Angler`s Club zarpan la mayoría de los barcos cargados de botellas de champán para realizar la ruta de la pesca del atún. Y una cenita, a bordo de un catamarán para avistar delfines y tiburones, podrá el punto de riesgo que te pide el cuerpo.