
Las creaciones preciosas del joyero francés Frédéric I de Boucheron han atraído a figuras procedentes de las altas esferas de la sociedad. La clientela con la que ha contado esta casa trae a la memoria nombres como la Zarina de Rusia, Sarah Bernhardt, los multimillonarios Mackay y Vanderbilt, la Condesa de Polignac y Oscar Wilde. Además, las más atractivas damas de París portaban sus joyas durante la Belle Époque. Incluso la célebre bailarina española, La Bella Otero, encargó a Boucheron un corsé cubierto con piedras preciosas.
La discreción ha sido el rasgo más pronunciado en la familia Boucheron, quien, por ejemplo, nunca ha desvelado cómo consiguieron comprar algunas de las joyas de la corona del Rey Sol, Luís XIV; tampoco se sabe lo que encontró la familia en los cofres del Maharajá de Patiala.
Pendientes, pitilleras y polveras incrustadas de pedrería son los objetos preferidos de las mujeres distinguidas de los años 20. Estrellas como Gloria Swanson y Louise Brooks disfrutaban de la “Joyería Blanca” realizada con platino.
El estilo New Look de Dior confiere ese “toque peculiar” a los diseños de Boucheron desde finales de los años 40 y durante los 50… Abundan los motivos florales y de plumas. Más tarde la jet parisina se decantará por los relojes de pulsera, un accesorio indispensable en sus vidas.
Actualmente, con la incorporación al Grupo Gucci, se está planificando la implantación de boutiques en las principales ciudades del mundo. Ya se han abierto locales en Capri, Saint Tropez, San Francisco, Londres Milán, Tokio, Ginza, Seúl, Honolulu… Y una tercera boutique en París.
Una nueva línea cuyo nombre lo dice todo, Dangereuse, te transporta a dimensiones cargadas de provocación y elegancia gracias a sus diamantes zafiros, esmeraldas y rubíes engarzados en oro negro. Odile Emanuelli, responsable de la formación interna de la firma, señala que para ella la alta joyería tiene un precio mínimo de 30.000 euros.
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