
Ni la tecnología ni tampoco las convenciones sociales suponen una amenaza al exclusivo universo de los fabricantes tradicionales de rifles de caza. Ninguno de ellos ha sucumbido al encanto de la producción en serie.
Los avances tecnológicos y las expectativas de mercado han variado radicalmente en los últimos 30 años, pero ellos están por encima de eso. Firmas como la austriaca Johann Fanzoj, con más de dos siglos de historia y una producción anual que no supera las 25 piezas, se mantienen como una rareza. Y la rareza es la esencia del lujo.
Otras firmas como Holland and Holland o Purdey & Sons sí se han dejado arrastrar por las nuevas tecnologías. Estos últimos, que existen desde 1814, han creado nuevas líneas de producto. La Sporter es su arma de calidad, pero en su producción se han introducido elementos de asistencia computerizada de diseño y control numérico.
Los valores estéticos de las creaciones de Fanzoj, Purdey o de otros como Farmars son indudables. La actual fiebre por productos clásicos y exclusivos también significa cierta presión añadida.
A pesar de que algunas tendencias asociadas a las culturas contemporáneas puedan parecer que se definen en contra de las armas, lo cierto es que hay algo terriblemente contemporáneo en el tradicional funcionamiento de estas casas. Su atención al detalle, el uso de materiales nobles y lo único de las piezas las empareja con el mercado clásico de la alta costura, donde el gusto del cliente es clave para entender el talento del creador.
Así comenta Daniela Fanzoj:
Al clásico perfil del cazador funcional, se ha unido una nueva estirpe de clientes más en contacto con el mundo del diseño y que no temen pedirnos creaciones más elaboradas. Eso nos da mucho placer. Su gusto y refinamiento terminan siendo nuestra mejor carta de presentación.


























































