
Un coleccionista de arte de Munich realizó un maravillos encargo. Pidió a Stefan Hemmerle un anillo de diamantes para su mujer. Desde entonces, allá por el año 1995, la firma cambió su rumbo.
La única condición que puso este coleccionista es que la pieza no fuera nada extravagante. Y empezó la combinación de distintos materiales hasta que se decidieron por una piedra incrustada en un anillo forjado en hierro. La firma se vio sumergida en una época en la que predominaron los experimentos artísticos, en los que el diseñador casó metales como el bronce, el aluminio o el cobre con gemas poco convencionales.
La fama de firma progresista se instaló con fuerza en las aventuras creativas de Hemmerle. Pero la marca en realidad es fruto de una antigua tradición. Los hermanos Anton y Joseph Hemmerle fundaron en el año 1893 esta casa. Estos joyeros se dedicaban a forjar metales para el Royal Bavarian Court. Incluso llegaron a elaborar piezas para Ludwing II de Baviera. En la actualidad sus creaciones puede observarse en la tienda de Maximilianstrasse en Munich levantada en 1904.
Hoy día la empresa cuenta con un enorme despliegue internacional: Sus piezas se exhiben en exposiciones privadas de Nueva York o Londres. También en la Feria Internacional de Arte y Antigüedades de Maastricht.
Los nuevos aportes al negocio vienen de la mano de Christian (hijo de Hemmerle). Hablamos de toques vanguardistas integrando extravagantes elementos al diseño de las joyas. Como por ejemplo unos pendientes que incorporan camafeos, labradoritas antiguas y bellotas que Stefan halló mientras practicaba jogging en el Central Park de Nueva York. Además una pulsera realizada a partir de cobre esculpido, diamantes marrones y dientes de morsa petrificados que, a simple vista, parecen marfil.
Christian explica:
Un artesano trabajó en esta joya más de 700 horas, puliendo cada uno de los elementos y juntándolos más tarde.







































